Las represas que se proyectan en el río Santa Cruz dejarán bajo el agua un patrimonio arqueológico de 10 mil años.

Al demonio con el patrimonio

Alguien en el Gobierno tendrá que explicar por qué se piensa descartar el patrimonio arqueológico de la Argentina como si fueran hojas del rollo de cocina. Porque las represas que se proyectan sobre el río Santa Cruz sepultarán definitivamente bajo el agua pinturas rupestres y petroglifos estampados con belleza por grupos que habitaron hace casi 10 mil años esta meseta esteparia. Un sitio particularmente sensible es el cañadón de Yaten Guajen, que en la lengua tehuelche quiere decir “piedra pintada”. Será importante e histórico, pero quedará inundado si se construye el embalse Jorge Cepernic. Hasta el estudio de impacto ambiental que realizó el gobierno anterior reconocía que la zona es “altamente sensible” desde el punto de vista arqueológico. No sólo hay dibujos de manos, pies y de fauna en las paredes de las montañas, aleros y cuevas, sino que también hay gran cantidad de material lítico y restos óseos. Los pobladores que allí vivieron eran cazadores recolectores, que se sostenían gracias al guanaco. Ahora, vamos a deshacernos de su legado, aunque sea más antiguo que las mismísimas pirámides. Y de un plumazo.

Al demonio con el patrimonio
Un pie en Yaten Guajen

Al demonio con el patrimonio
petroglifos de Yaten Guajen

Información trucha

La información trucha es la que alimenta las ideas de Donald Trump sobre el ambiente. El sitio Politico informó esta semana que, al evaluar la participación de los Estados Unidos en el acuerdo de París, el presidente usó como información una tapa falsa de la revista Time, que supuestamente hablaba de enfriamiento global. Un asesor llamado K.T. McFarland era el que le pasaba la data. Y el señor que reina en el Salón Oval ni si quiera se percataba de la sutileza. Estamos en el horno. Literalmente.