MASACRE DE NAPALPI: Tobas del Chaco demandan a la Nación por U$S116 millones
Fecha Tuesday, 09 November a las 19:35:54
Tema Cartas Al País


En nombre y representación de 20.000 sobrevivientes de la comunidad argentina de etnia Toba, la Asociación Comunitaria La Matanza de Quitilipi presentó la semana pasada ante el juez federal Carlos Skidelsky una multimillonaria demanda contra el Estado Nacional Argentino por la 'Masacre de Napalpí', ocurrida en cercanías de esa localidad el 19 de julio de 1924. Ese trágico episodio fue rescatado del olvido por el escritor y periodista Vidal Mario a través de su libro 'Napalpí, la herida abierta', publicado en el año 1998 y reeditado el pasado mes de julio por Librería de la Paz, con prólogo de Luís Landriscina.


La demanda, presentada a través del abogado apoderado Carlos Alberto Díaz, consta de 71 carillas y a través de la misma se solicita : "Indemnización por daños y perjuicios, lucro cesante, daño emergente y moral a favor de la Asociación Comunitaria "La Matanza" por sí y en nombre y representación de la comunidad argentina aborigen de la etnia Toba actualmente vivos de la República Argentina, por los crímenes de "lesa humanidad" perpetrados por fuerzas de seguridad nacionales y autoridades civiles federales el 19 de julio del año 1.924 en el entonces denominado Territorio Nacional del Chaco, que se conoce históricamente como "Masacre de Napalpí", donde fueron asesinadas más de 450 personas, aproximadamente, población civil de etnia argentina de etnia Toba y a raíz y por las consecuencias sociales, culturales y económicas que hasta nuestros días trajo ello como consecuencia para las posteriores generaciones sobrevivientes". El Expediente N° 1.630/04, caratulado "Asociación Comunitaria La Matanza c/Estado Nacional s/Indemnización por Daños y Perjuicios" solicita igualmente la presentación de terceros en la causa, mencionando entre ellos, al "Defensor del Pueblo de la Nación Argentina, Instituto Nacional Contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo de la República Argentina, Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe con sede en La Paz, Bolivia, Instituto Nacional de Asuntos Indígenas y la señora Rigoberta Menchú Tum, Premio Nobel de la Paz"

"Histórico juicio"

La presentación de la citada demanda, por un monto global de 116.000.000 de dólares, "no reviste antecedentes ni en la República Argentina, ni en el resto de América Latina y el Caribe", según el documento. En relación al horrendo episodio que ahora da lugar a una presentación judicial se remarca que "publicaciones de la época, debates parlamentarios posteriores, resoluciones y leyes, estudios históricos y hasta declaraciones en este año 2004 del propio Defensor del Pueblo de la Nación Argentina reconocen y acreditan la verosimilitud incontrovertible de los hechos que produjeron la gran masacre de argentinos aborígenes del pasado siglo, realizada por fuerzas de seguridad del Estado Nacional Argentino, masacre que diera lugar a que en el año 1994 el Congreso Nacional estableciera el día 19 de julio como "Día de los Derechos Aborígenes", tras aprobar un proyecto del entonces legislador nacional chaqueño Claudio Ramiro Mendoza. Alrededor de cuatrocientos aborígenes de la Reducción de Napalpí, señala, escaparon de la masacre escondiéndose "por varios meses en los impenetrables montes chaqueños de quebracho y algarrobo, que todavía existían en aquella zona. Un número no determinado se agrupó fundando una nueva comunidad indígena que actualmente es conocida como "La Matanza", cuyos descendientes hoy conforman la Asociación Comunitaria "La Matanza", entidad que ahora "inicia este histórico juicio".

El extenso escrito judicial subraya que las consecuencias sociales, culturales y económicas producidas por la "Masacre de Napalpí" no se agotaron el 19 de julio de 1924. "Se extendió en el tiempo, por diversos medios, a veces brutales, otros sutiles, pero no por ello menos perjudiciales. En los ochenta años que siguieron se produjeron más daños y más muertes que los fusilamientos o el degüello de los heridos en aquel fatídico día por el terror a defender sus reivindicaciones, que se transmitió oralmente por los "antiguos" de generación en generación". Enfatiza que "tal fue el terror infundido dentro de la comunidad Toba que nunca más, hasta nuestros días, existió atisbo de protesta sobre las condiciones laborales y/o sociales de la etnia. Prueba de ello es este juicio interpuesto 80 años después. No existen en los anales de la administración de justicia chaqueña ningún juicio interpuesto no sólo por Tobas sino tampoco por Wichís, Mocovíes, Vilelas ( hoy desaparecidos). Ni siquiera, señor Juez Federal, existe un monumento o una placa que recuerde a las víctimas sin nombre. Pero los ideólogos y ejecutores de este genocidio no pudieron borrar a Napalpí, el cementerio y lugar de sus muertos".

El escrito recuerda, a continuación : "Se acabó la huelga...", resaltaba con grandes títulos un periódico del Chaco. A partir de allí se los obligó a trabajar por retribuciones miserables en especie. Se les negó, hasta hace pocos años, la posibilidad de llevar sus nombres de la raza, atributo fundamental de la personalidad, existiendo, inclusive hasta hoy, trabas "burocráticas" para hacerlo. No existen prácticamente personas Tobas con sus nombres ancestrales. Se los tuvo semicautivos en "Reducciones", forma disimulada de "guetos" con la justificación de preservar sus costumbres. Se impuso una política de desculturización, prohibiéndoles, en las pocas escuelas a las que tenían acceso, la enseñanza y práctica de su propio idioma, su cultura, su música. Hasta hoy sólo el diez por ciento de los adolescentes de etnias aborígenes en el Chaco terminan el ciclo medio de enseñanza. La tuberculosis, la lepra, la sífilis, la desnutrición, siguen haciendo estragos. Ese pueblo nunca más pudo recuperarse. Al contrario, fue víctima de una política sistemática de degradación a partir de la "Masacre de Napalpí". Las consecuencias hoy pueden ser palpables".

Este tramo del escrito termina consignando que "el prestigioso periodista chaqueño Eduardo López, en el diario NORTE de Resistencia del 18 de julio de 1999, conteste con lo precedentemente expuesto, decía : "La masacre continúa. Basta ver cómo viven. En teoría, ciudadanos como todos los demás, con los mismos derechos y obligaciones, pero en la realidad parias en su propia tierra, discriminados y víctimas de situaciones similares a las de Napalpí". ..y parafraseando al libro de Vidal Mario, recalca : "...la herida sigue abierta".

Un pecado imperdonable : pedir trato equitativo

El documento presentado ante el Juzgado Federal de Resistencia rescata, además, un artículo firmado por el Defensor del Pueblo de la Nación Argentina, Eduardo Mondino, publicado el 18 de julio de este año bajo el título "Derecho a la igualdad y la dignidad de los pueblos aborígenes". El funcionario nacional consigna en su trabajo periodístico. " Un 19 de julio, de esto hace 80 años, doscientos aborígenes eran masacrados por fuerzas policiales en el entonces Territorio Nacional del Chaco. ¿Cual había sido el pecado imperdonable de los aborígenes exterminados con tamaña crueldad ?. Negarse a seguir cosechando algodón a cambio de una retribución miserable. Hace no tanto - en 1994 - el Congreso de la Nación sancionó una ley por la que se instituyó el 19 de julio como Día de los Derechos Aborígenes. En los fundamentos del proyecto que dio lugar a la ley se destaca que "el ataque terminó en una matanza, en la más horrenda masacre que recuerda la historia de las culturas indígenas en el presente siglo. Los atacantes sólo cesaron de disparar cuando advirtieron que en los toldos no quedaba un indio que no estuviera muerto o herido". En tiempos de insensibilidad y solidaridad anestesiadas, la protección de las comunidades aborígenes se ha vuelto una prioridad. Son frecuentes las denuncias que reclaman nuestra intervención por atropellos referidos a la privación de la libertad, el otorgamiento de documentación ilegal, la negativa a la entrega de tierras comunitarias, en una clara afectación de intereses legítimos, y el desconocimiento de la servidumbre de paso en distintos puntos del país. Invariablemente sostengo que los pueblos originarios argentinos tienen un incuestionable derecho a la igualdad y la dignidad. La discriminación es uno de los grandes flagelos de nuestro tiempo. No se puede hablar de igualdad para todos los seres humanos si no les damos a los hermanos aborígenes el mismo punto de partida. Corresponde, entonces, promover medidas de acción positiva que garanticen una igualdad real de oportunidades y tratos, así como el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por la Constitución y por los tratados internacionales vigentes".

Cómo se ahogó, a sangre y fuego,la primera huelga aborigen del país

El escrito judicial ahora en manos de Skidelsky recuerda que en 1924 alrededor de 800 aborígenes tobas y mocovíes llevaron adelante "la primera y única huelga agrícola indígena de la historia del país" y que ésta fue "el primer movimiento agrario reivindicativo aborigen". El documento dedica, a continuación, no menos de veinte páginas, a describir la forma en que se desarrolló y finalmente se ahogó a sangre y fuego aquella primera - y última - huelga indígena que conocía el país.

" El movimiento - enfatiza - se extiende rápidamente a otras comunidades indígenas y etnias del Chaco. Solicitan reivindicaciones muy simples : mejores condiciones de trabajo, pago en pesos y no en vales por sus tareas, que se interrumpa la ocupación ilegal de "blancos" de sus tierras", entre otros reclamos por atropellos que "venían sufriendo desde fines del siglo XIX con la anuencia y distracción de las autoridades civiles y militares".

"Una delegación de caciques presidida por Pedro Maidana intenta viajar y llegar a Resistencia para parlamentar sobre sus reivindicaciones y son detenidos a la altura de la localidad de Quitilipi, a poco más de 100 kilómetros de la capital del Chaco, debiendo volver otra vez a la Reducción. Ante la negativa de ser escuchados comienzan a organizarse para emigrar a las provincias de Salta y Jujuy para trabajar en los Ingenios Azucareros. Al tomar conocimiento de ello el entonces gobernador, nombrado por el Gobierno Federal, Fernando Centeno, prohibe que abandonen el Territorio Nacional del Chaco".

Se agudiza la crisis

"La extensión del movimiento pacífico se extiende a los hacheros criollos de origen correntino ( un número no determinado es también asesinado en Napalpí) y cosecheros de origen santiagueño. La ausencia casi total en la provincia de trabajadores en los campos, las protestas de los terratenientes, gerentes de las multinacionales extranjeras del tanino, "concesionistas obrajeros" y colonos blancos por las pérdidas que estaban sufriendo al no poder levantar sus cosechas, sembrar o talar los montes y la inminencia de la próxima campaña algodonera, trae como consecuencia que el Gobierno del Territorio tome una decisión para "escarmentar a los que dan el mal ejemplo".

"El 12 de julio de 1924, ante la crisis, el titular de la Secretaría de Territorios del Ministerio del Interior de la Nación, Eduardo Elordi, viaje urgentemente desde Buenos Aires para negociar con los caciques que representaban a las comunidades que se habían concentrado en Napalpí, presididos por Pedro Maidana. La reunión fracasa ante la intransigencia del interventor federal Fernando Centeno de hacer lugar, siquiera, en parte, a algunas de las reivindicaciones solicitadas".

"Para comenzar a justificar la futura represión el gobernador Centeno comienza a hablar de "sublevación", de "peligro indio", de "malón que se avecina". Telegrafía al Ministro del Interior reclamando que tropas del Ejército "sofoquen la sublevación". Las autoridades militares deciden no intervenir, pero ordena a la 3° División Militar "tener tropas listas para cualquier emergencia".

El 16 de julio sale de Resistencia hacia Machagai el comisario de ordenes Sáenz Loza con cuarenta policías nacionales para reforzar la concentración policial ya existente en la zona. Sáenz Loza ya era un personaje con fama de siniestro a la época de la matanza. De talla más bien baja y obeso, siempre andaba con su largo sable de Policía Nacional de Territorio, su uniforme impecable y lustrosas sus botas negras de caña larga. "Ni siquiera sabía firmar. Dibujaba la firma y era temido por propios y extraños por su brutalidad con quien se le metía entre ceja y ceja. Hacía gala de sus contactos políticos en Resistencia. Después de Napalpí exhibía con orgullo sobre su despacho un frasco grande de vidrio donde conservaba en alcohol orejas de aborígenes de aquella "batalla".

"El 18 de julio de julio de 1924 el interventor federal Fernando Centeno, en persona, dio orden al Jefe de Policía del Territorio Nacional, reunidos en la Casa de Gobierno, alegando una supuesta desprotección de colonos blancos y el peligro de un malón indígena ( no existe registro histórico desde la Conquista de América de malones Tobas) que disponga de los 130 efectivos a sus órdenes, ya acuartelados en la zona de "conflicto", a los cuales acompañaron algunos civiles blancos, para proceder a rodear la Reducción que inició y presidía la huelga".

Se consuma el etnocidio

El comienzo del etnocidio se concreta en la madrugada del 19 de julio del año 1924, rodeándose la zona "para que nadie escape". "A las 9 de la mañana, para sacarlos de la espesura del monte, les arrojaron una sustancia química que produjo que comience a incendiarse la toldería y el monte que los albergaba, desde un avión biplano, propiedad de la Escuela de Aviación del Aeroclub Chaco, denominado "Chaco II", piloteada por el sargento Emilio Esquivel, acompañado por el civil Juan Browis. No hubo resistencia. Cuando comenzaron a salir desesperados del monte por el fuego los niños, ancianos, las mujeres y hombres adultos, desarmados, con las manos en alto, comenzó la masacre, tanto desde tierra como desde aire. Browis disparaba con un fusil a repetición de su propiedad".

"Las descargas de fusiles Mauser y Winchester de los 130 efectivos comenzaron cuando dieron la orden el comisario Sáenz Loza y quien en la ocasión actuaba como su lugarteniente, el comisario de Quitilipi José B. Machado. Se dispararon más de 5.000 cartuchos en menos de dos horas, sin previo aviso. Mataron a todos los que pudieron, porque se quedaron sin municiones. Entonces, a los muertos y a los heridos todavía con algún hilo de vida los degollaban a sablazos, como trofeos de guerra les cortaron a machetazos las orejas ( siguiendo la costumbre contra los indígenas en la Patagonia) los testículos y penes a los hombres, los pechos a las mujeres. Aún vivos, también a machetazos, "caparon" al líder de la huelga que se había entregado, momentos antes, prisionero, cacique Pedro Maidana, porque Sáenz Loza le garantizó que le iba a respetar si se entregaban él y su familia. Luego lo "empalaron" conjuntamente con sus dos hijos, José y Marcelino, conjuntamente con varios de los otros líderes de la huelga de otras comunidades. Los colocaron por sus esfínteres, atravesados por grandes estacas, con los cuerpos todavía moviéndose, a la entrada de la toldería que seguía incendiándose. Se salvaron de este salvajismo los correntinos y santiagueños "que sólo fueron degollados". La tradición Toba cuenta que aún hoy, en las noches de tormenta, se pueden sentir en los montes los gritos desesperados de dolor de aquellas víctimas".

"Durante todo ese día siguieron las persecuciones y los asesinatos que se prolongaron por más de tres meses. Las mujeres jóvenes, que en un primer momento tuvieron la "suerte" de ser tomadas prisioneras fueron violadas y abusadas reiteradamente para "solaz de la soldadezca" y luego también fueron asesinadas. No debía quedar ningún testigo aborigen. Era la orden".

"Una gran parte de los muertos fue enterrada en grandes fosas comunes allí mismo, algunos heridos todavía vivos. Las fosas fueron abiertas por cerca de 38 prisioneros, quienes luego de la tarea eran degollados ahí mismo, según lo relató el prestigioso historiador chaqueño Carlos López Piacentini. Otros cientos de cadáveres amontonados en forma de piras fueron rociados con querosén y alquitrán, se les prendió fuego y ardieron por varios días. El hedor y el humo por la carne quemada se extendió por varias leguas. La consigna y preocupación de las fuerzas de seguridad nacionales era "que no queden los que dan el mal ejemplo".

Linch Arribálzaga : la matanza no se detiene

"El 29 de agosto de 1924, cuarenta días después de la masacre, el ex director de la Reducción de Napalpí, Enrique Lynch Arribálzaga, escribió esta carta que fue leída en el Congreso Nacional : "La matanza de indígenas por la Policía del Chaco continúa en Napalpí y sus alrededores. Parece que los criminales se hubieran propuesto eliminar a todos los que se hallaron presente en la carnicería del 19 de julio, para que no puedan servir de testigos si viene la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados".

Cómo se distribuirá

La presentación judicial ante el Juzgado Federal de Resistencia pone el acento en el hecho de que "una de las características de la "Masacre de Napalpí" consiste en que no fue la eliminación de un individuo sino de éstos dentro y como miembros de una comunidad. Tal accionar del Estado merece, sin límite temporal, una reprobación tal de la conciencia universal al atentar contra los valores humanos fundamentales que ninguna Convención, Pacto o Norma puede derogar, enervar o disimular con distracción alguna". Subraya, seguidamente, que "otra de las características que asume la indemnización de daños y perjuicios y daño moral en los crímenes de "lesa humanidad" es la innecesariedad de demostrar que daño originaron tales crímenes en la comunidad particular afectada, porque para la moral universal constituye un dolor, un daño y un sufrimiento para toda la humanidad". Estos antecedentes llevan, añade, a " merituar y solicitar el pago de una justa y equitativa indemnización por daños y perjuicios, lucro cesante, daño emergente y daño moral para la Asociación Comunitaria "La Matanza" por sí y/o en nombre y representación de 20.000 sobrevivientes de la comunidad argentina de etnia Toba, actualizada a la fecha de esta demanda, desde el 19 de julio de 1924, en adelante, y de acuerdo a las pruebas que se ofrecerán y producirán en el estado procesal oportuno y el alto criterio judicial en la materia.".

Distribución de la indemnización

En cuanto a la distribución de la indemnización se propone el siguiente esquema : " A) Con un 80 por ciento del total neto a percibir se conforme un fideicomiso que sea administrado por la Asociación Comunitaria "La Matanza", para sí y para todos los argentinos de la etnia Toba, con el asesoramiento técnico y auditoría, conjunta, del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe, y de la Fundación Rigoberta Menchú Tum. B) En solidaridad con nuestros hermanos aborígenes de las etnias Wichí y Mocoví que viven en la Provincia del Chaco, República Argentina, es voluntad de la Asociación Comunitaria "La Matanza" que con un 10 por ciento del total neto a percibir en esta demanda se conforme un fideicomiso que sea administrado por los representantes de las asociaciones de dichas etnias en esta Provincia del Chaco, con el asesoramiento técnico y auditoría conjunta del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe y de la Fundación Rigoberta Menchú Tum. C) La señora Rigoberta Menchú Tum, Premio Nobel de la Paz, hoy nos representa en el mundo a los millones de aborígenes de América Latina y el Caribe. Es la voz de los que no tenemos voz. Por ello es voluntad de la Asociación Comunitaria "La Matanza" que un 10 por ciento del total neto a percibir en esta demanda sea entregado a favor y en contribución para el mejor cumplimiento de los fines de la Fundación Rigoberta Menchú Tum".

FUENTE: www.corrientesnoticias.com.ar






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