Entre 1662 y 1884, los caciques, y en nombre de sus comunidades, celebraron con las autoridades coloniales y nacionales casi cien Tratados, con una gran concentración de ellos en el período 1810-1878, aproximadamente una cifra de poco más de medio centenar. No vamos a transcribir aquí toda esta nómina (de hecho hay trabajos específicos que tratan de manera excelente esta cuestión como el gran ensayo de Abelardo Levaggi o las obras del padre Hux) porque no es el objetivo de esta sección. Sí mencionaremos algunos e incluso transcribiremos otros a fin de ejemplificar cómo esta red de relaciones diplomáticas cumplió un papel más que trascendente en el vínculo pueblos originarios-autoridades coloniales y nacionales y cómo desde los indígenas esta alternativa constituyó un punto más que importante en su voluntad de convivencia con la nueva sociedad en formación.

Hemos dividido el tratamiento de este tema en dos Apartados: el I corresponde a los Tratados celebrados por las comunidades consideradas “hostiles”, las que vivían en Tierra Adentro, mientras que el II incluye a los suscriptos por los “indios amigos”. La diferenciación tiene el objetivo de respetar los distintos objetivos que tenía para ambos grupos la firma de estos documentos: para los primeros conllevaba la posibilidad de utilizar esta vía de negociación como un recurso más en el difícil sostenimiento de sus culturas y territorios libres; para los segundos, implicaba ir consolidando posiciones como partes integrantes de la nueva sociedad.

Más allá de los tratados aquí consignados, que en sí mismos son el elemento fundamental de explicitación de dos entidades étnico-políticas definidas: “el Gobierno”, “la República”, “la Confederación”, etc., por un lado y “los Caciques” y “sus tribus” por el otro, es menester considerar varios elementos más que, más allá de la variedad de contenidos (las raciones y ”vicios”; el intercambio de cautivos; la prohibición de hacer malones; la vigilancia de los “indios gauchos”, etc.) fundamentan aquel aserto:

  • la referencia permanente a la existencia de dos territorios también definidos: el de los indios (“tierra adentro”; “territorio de los indios”; “sus campos”, etc.) y el de los “blancos” o winkas (“gobierno”; “cristianos”; “hacendados”, etc.).
  • la mención de “la línea de frontera” como divisoria de los dos territorios.
  • la existencia de “pasaportes” necesarios para que los indios o los cristianos pudieran ser autorizados para poder pasar al otro lado.

También debe consignarse que por encima de estas importantes peculiaridades, la totalidad de los tratados tienen un leitmotiv fundamental: el establecimiento de la paz, que en muchos casos se hace, por parte de los indígenas, en el marco del reconocimiento de la existencia de la República Argentina, como una demostración más de la voluntad de convivencia por parte de las tribus.

FUENTE;

El Orejiverde, diario de los pueblos indígenas

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